Los chicos están acostumbrados a vivir pegados a una pantalla. Todos los datos que nuestros hijos crean y suben a la red, junto con su habilidad de traer a los amigos a la casa a través de una tableta, les hace preguntarse a los padres si están creciendo en un mundo donde la privacidad no significa nada.
Últimamente parece que siempre hay un invitado digital en nuestra casa.
Ellos pertenecen a la primera generación que tocó una pantalla que no se movía
y se preguntó qué pasaba; los primeros que, cuando un juguete se rompió,
dijeron: "no te preocupes, podemos descargar otro", y los primeros en
darse cuenta de que el mundo real se junta sin interrupciones con el digital.
Estos "niños digitales" saben perfectamente cómo moverse en
el mundo digital: cómo mandar mensajes de texto, cómo enviar correos
electrónicos, como conectarse al Wi-Fi y cómo ver lo que quieren, cuando
quieren verlo. Hasta los deberes son mucho más fáciles ahora que tienen a su
disposición virtualmente todo el conocimiento de la mano de Google.
El autor del libro "Creciendo en la era digital", Don
Tapscott, pasó mucho tiempo estudiando cómo la generación nacida en la era de
las computadoras será diferente a las anteriores.
"La generación móvil está creciendo rodeada de bits" afirma,
y "sus cerebros son, de hecho, distintos".
Según afirma el autor, la forma en la que un cerebro se conecta depende
de a qué le dedicas tu tiempo.
"Mi generación creció viendo la tele, fuimos recipientes pasivos.
Hoy en día los chicos llegan a su casa y encienden sus dispositivos móviles,
con los que escuchan música, chatean con sus amigos y juegan a videojuegos,
todo al mismo tiempo".
¿El fin de la privacidad?
Los chicos están acostumbrados a vivir pegados a una pantalla. Todos
los datos que nuestros hijos crean y suben a la red, junto con su habilidad de
traer a los amigos a la casa a través de una tableta, les hace preguntarse a
los padres si están creciendo en un mundo donde la privacidad no significa
nada.
"En una época donde nuestras vidas están grabadas y analizadas por
una cantidad incontable de servicios, organizaciones y el estado, educar a los
jóvenes sobre la importancia de la privacidad y considerar qué información
deben compartir debería estar bien arriba en la agenda", afirmó el vicedirector
del organismo pro derechos civiles Big Brother Watch, Emma Carr.
"Estamos viendo los primeros casos de gente que se está viendo
forzada a entregar contraseñas de redes sociales antes de que se les ofrezca un
empleo. El acoso digital se ha vuelto un problema claro y las historias de
compañías y el gobierno fisgando las comunicaciones de la gente son algo
corriente", añade Carr.
"Es importante educar a los chicos sobre cómo se accede a nuestras
comunicaciones y las ramificaciones que esto tiene", asegura.
Pero el autor Tapscott no está convencido. "La idea de que la
privacidad ha muerto está completamente infundada, pero la forma en la que
protegemos nuestra privacidad está cambiando de forma fundamental",
asegura.
"Los chicos son conscientes de la cuestión de la privacidad e
intuitivamente entienden la idea de que hay que usar los datos de forma
responsable", añade el autor.
Nuestros hijos están creando una huella digital muy grande. Eso me
suena conocido. Casi no puedo tomar una foto sin que mis hijos pregunten:
"¿la vas a poner en Facebook?".
Incluso sacar una foto para este artículo provocó una serie de
preguntas: "¿Qué estás escribiendo sobre mí?", "¿por qué no
agarras una foto de un chico con un iPad de Google?".
Todo esto me hizo darme cuenta de que mis hijos no tienen mucho respeto
por el copyright, y también me dice que son consumidores sofisticados.
"De hecho lo que hacen es examinar", dice Tapscott.
"Cuando yo era chico, si veía una foto, tan solo era una foto. Ahora los
niños ven una foto y preguntan si fue retocada".
Y en lo que respecta a la privacidad de la información, hay evidencia
de que las compañías están empezando a entender que los individuos quieren
retomar el control de lo que consideran su bien más preciado: sus datos. Las
empresas están desarrollando aplicaciones que permiten a la gente guardar toda
la información que suben a la red en un mismo lugar.
"Hay evidencia que sugiere que en la actualidad hay muchos padres
que le comprarían a sus hijos una tableta antes que un oso de peluche"
Algunos piensan que con el tiempo incluso venderemos nuestros datos a
las compañías publicitarias, ávidas de intentar vendernos cosas de forma
personalizada. La organización Respect Form está poniendo en marcha una
plataforma que permitirá a la gente elegir con quién comparte sus datos.
Mientras tanto, el control que un individuo tiene sobre la información
que existe en internet sobre ellos está también en entredicho.
El mes pasado una corte europea pasó la denominada ley del
"derecho al olvido", ordenando a Google que quitara vínculos a
páginas sobre información financiera de individuos que estuviera caduca.
Estas reglas podrían ser bienvenidas por nuestros hijos cuando quieran
deshacerse de sus perfiles de adolescentes a medida que vayan creciendo y
queriendo tener una imagen digital más adulta.
Y podría haber un montón de datos de los que deshacerse: de acuerdo con
el centro Pew de Internet, casi la mitad de los chicos estadounidenses tienen
un celular cuando llegan a los seis años y los padres están creando perfiles en
las redes sociales de sus pequeños cada vez más.
Tener una interacción tan temprana con la tecnología ha provocado que
muchos estudios se pregunten si nuestros hijos están pasando demasiado tiempo
inmersos en un mundo digital adictivo y poco cruzando la calle, jugando en el
barro o cazando mariposas.
Mucho de esto se reduce a la responsabilidad de los padres.
"Los padres tienen que elegir. Decir que no a los dispositivos
durante cenas en restaurantes por ejemplo y llegar a un acuerdo sobre cuándo se
puede usar la tecnología y cuándo no", asegura.
Tapscott no está a favor de los filtros, que los padres pueden usar
para bloquear páginas pornográficas.
"La mejor forma de manejar el tema de la pornografía no es
prohibir su acceso, sino hablar con nuestros hijos sobre ello", insiste.
La pregunta importante para los optimistas como Tapscott es cómo se las
arreglan las escuelas con una generación nativa digital.
"Por primera vez en la historia los chicos son la autoridad en algo
realmente importante: cómo la era digital está cambiando las
instituciones".
El autor no cree que las escuelas hayan entendido lo drástico del
cambio. "Los niños no aprenden de la misma forma que lo hacemos nosotros,
pero la forma de dar clases no ha cambiado desde la revolución
industrial", asegura.
"Los niños no aprenden de la misma forma que lo hacemos nosotros,
pero la forma de dar clases no ha cambiado desde la revolución
industrial". Aunque hay muchas escuelas innovando con la tecnología,
también hay evidencia de que muchos profesores tienen miedo del potencial de la
misma.
Este mismo mes un informe de la Asociación de Profesores de Reino Unido
hizo un llamamiento por que se establezcan reglas sobre la cantidad de tiempo
que los chicos deberían pasar con dispositivos conectados a la red.
Su director, Mark Langhammer, aseguró: "Estamos recibiendo
informes de chicos muy chiquitos que llegan a la escuela sin poder concentrarse
o socializar como es debido, porque están pasando demasiado tiempo con juegos
digitales o redes sociales".
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